El futuro de la profesión de Gestor Administrativo

María Teresa Vila Esteve
Presidenta del Colegio de Gestores Administrativos de Alicante

La existencia de una profesión se justifica por su capacidad para satisfacer, de forma idónea y especializada, necesidades individuales y
colectivas. Dicho de otro modo: “La necesidad crea el órgano”. En nuestro caso, ya anticipo que, mientras existan Administraciones Públicas, relaciones administrativas y procedimientos administrativos, obligaciones que cumplir y derechos que exigir por parte de ciudadanos, entidades y empresas, existirá una actividad profesional necesaria, específica y diferenciada, como es la de Gestoría Administrativa.

Bien es cierto que, por su propia naturaleza, por el grado de desarrollo
económico y social alcanzado, por los marcos normativos internacionales
establecidos (en el seno de la UE o de la OCDE, por ejemplo) y por los
avances tecnológicos experimentados, en continua transformación y progreso, la forma en la que se prestan los servicios propios de nuestra actividad está sometida a un obligado proceso de cambio permanente, de adaptación continua. Pero eso, que en otros ámbitos pudiera tomarse como una amenaza real, como un serio riesgo profesional, debe considerarse -y nuestras largas experiencias histórica e institucional así lo acreditan- como una auténtica ventaja competitiva en el ámbito de la prestación de servicios, como un elemento diferencial que aporta un inequívoco valor añadido a nuestro trabajo, como una seña de identidad propia y distintiva ligada a nuestra imagen pública, a nuestra dimensión corporativa.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) permiten a
los propios interesados contactar con cualquier organismo y realizar por sí
mismos multitud de tareas, en cualquier momento, en cualquier lugar y desde diversos soportes. Cada vez permitirán más cosas, sin duda. Pero eso no nos hace ni pensar ni temer que la intermediación entre Administraciones y particulares y empresas -y, por tanto, nuestra propia actividad- pueda tener los días contados, por varias razones:

En primer lugar por el elevado número y la particular complejidad de ciertos trámites administrativos y por las repercusiones que su adecuada
gestión, tanto ahora como en el futuro, poseen y poseerán para ciudadanos,
empresas y para las propias Administraciones Públicas.

En segundo lugar, por la flexibilidad y capacidad de adaptación y
respuesta que, como profesión, nos caracteriza.

Y, finalmente -y esto constituye otro elemento diferencial de particular
importancia-, porque nos hemos dotado de una valiosa estructura
institucional –Colegios, Consejos Autonómicos y Consejos General- realmente eficaz, efectiva y eficiente que ha permitido que dispongamos del capital técnico y humano de los servicios centralizados colegiales, auténticos prestadores de servicios de gestión internos. Esta característica resulta esencial: permite a todos y cada uno de los despachos poder asumir cargas de trabajo actuales y futuras, por un lado, y generar nuevos espacios de competencia y actividad futura, por otro. Es, como alguna vez hemos tenido ocasión de señalar, la manifestación de la dimensión activa, reactiva y proactiva que caracteriza nuestra profesión y que garantiza -ante un futuro normativo y procedimental que, a pesar de todos los avances, se presume complejo- su supervivencia.